La motivación no sostiene el esfuerzo: la vela y la cerilla
Mago More explica la diferencia con una metáfora sencilla. La motivación es la cerilla que enciende algo, pero si la vela tiene poca cera, la llama se apaga enseguida. Lo que hace falta es fuerza de voluntad, esa capacidad de sostener una acción aunque no apetezca.
Según él, la mayoría de los libros hablan solo de motivación, como si bastara con estar motivado para conseguirlo todo. Esa idea deja a la gente frustrada cuando la energía baja, porque parece que el problema es no tener ganas. Para él, cuando no haces algo a pesar de estar motivado, lo que falla es la fuerza de voluntad.
La consecuencia práctica es que prefiere una sola cerilla y una vela larga, es decir, menos entusiasmo y mucha más constancia. Como ejemplo de su método, pide a quien quiera cambiar algo que empiece por caminar 10.000 pasos al día durante un mes. Si alguien es capaz de eso, dice, ya ha entrenado un mínimo de voluntad para trabajar en lo demás.
Cómo se forma un hábito en 30 días
More cuenta que durante años intentó crear hábitos y fracasó. Por eso descartó la idea popular de los 21 días, que atribuye a William James, y adoptó su propio método de 30 días. Advierte, eso sí, de que la cifra es una simplificación: la duración real varía según la persona y el hábito.
El hábito tiene dos fases. En la fase de construcción hay mucho sacrificio y poco beneficio; en la de mantenimiento hay poco esfuerzo y mucho beneficio. Su truco es imaginar una pared de ladrillos: cada día que cumples, pones un ladrillo. Si fallas un día, aparece una grieta; si fallas dos, la pared se viene abajo y empiezas de cero.
Una vez superada la fase de construcción, el hábito pasa a modo automático y deja de consumir fuerza de voluntad. More insiste en que solo se debe trabajar un hábito a la vez. No conoce a nadie capaz de cambiar varios simultáneamente, así que propone pasar al siguiente cuando el anterior ya esté automatizado.
- Elige un único hábito concreto.
- Anótalo cada día durante 30 días.
- No cambies de hábito hasta que el primero sea automático.
“Cuando hay lo que hay, hay lo que hay.”
El elefante y el jinete: por qué postergamos
Para explicar el funcionamiento del cerebro, More recurre a la metáfora del jinete sobre un elefante que tomó del libro de Jonathan Haidt. El elefante representa la parte emocional, rápida y que lo quiere todo ya. El jinete es la parte racional, la que ve las metas a medio y largo plazo.
Necesitamos a los dos, pero cuando hay conflicto gana casi siempre el elefante. Su ejemplo es un restaurante: el jinete decide no tomar postre porque está a dieta, pero cuando el camarero pone un postre en el centro de la mesa, el elefante se impone. También alude a las decisiones de Obama de llevar siempre la misma ropa para no gastar energía en algo trivial.
De ahí saca su explicación de la procrastinación. Cita una encuesta mundial que, según él, señaló que el 96% procrastinaba, aunque en el texto no aparecen fuentes precisas que la respalden, así que conviene tomarla como anécdota. Su conclusión es que hay que entrenar al jinete para que domine al elefante, algo que se consigue, otra vez, con hábitos.
Separa tus metas del 'infinito'
Más Allá de los libros de organización del tiempo que suelen recomendar distinguir lo importante de lo urgente, More propone una separación más simple. Por un lado están tus metas; por otro, el infinito: el correo, el móvil, los mensajes y las urgencias que se comen el día sin avanzar nada.
El problema es que, si empiezas la jornada abriendo el correo, llegas a las ocho de la tarde agotado y con la sensación de que no te ha cundido. Su solución es dedicar lo primero del día a la meta principal, aunque sean quince o treinta minutos, y dejar el infinito para después.
Para demostrarlo cuenta que, con fiebre, canceló una agenda llena de reuniones importantes y no pasó nada. Su aprendizaje fue que no es tan imprescindible como cree. Ahora aplica la misma lógica al piano: practica un poco cada mañana y dice que así empieza a tocar sin grandes sesiones.
Trocea las metas y agrupa las tareas
Otra de sus claves es trocear los objetivos, también en el tiempo. Para correr un maratón, no se plantea los 42 kilómetros de golpe, sino 10 primero, después 20 y así hasta llegar a la meta. Una meta demasiado grande, dice, deja paralizado y no hace avanzar nada.
Inspirado en la forma de jugar de Simeone, propone la lógica del partido a partido: en vez de tener doce frentes abiertos, enfócate en uno. Con doce metas de un mes cada una, lo habitual es estresarse; con una sola, el avance es posible.
También recomienda agrupar tareas por lotes. Según él, cada interrupción supone unos quince minutos para volver a centrarse, así que propone evitar interrupciones, apagar el móvil mientras revisas el correo y hacer las llamadas en un mismo bloque. Otro consejo es automatizar atajos y contraseñas para no perder tiempo en tareas repetitivas.
- Apaga el móvil mientras trabajas en algo concreto.
- Responde llamadas y mensajes en bloques fijos.
- Aprende a usar las funciones de las herramientas que ya tienes.
Cambia los hechos por la forma de interpretarlos
More sostiene que lo importante no son los hechos, sino cómo te tomas lo que te pasa. Tiene una frase que repite en sus conferencias: cuando hay lo que hay, hay lo que hay. No puedes cambiar un hecho, pero sí la manera de interpretarlo y de actuar a partir de él.
Lo conecta con el autoconocimiento y con la inscripción del templo de Apolo en Delfos: 'conócete a ti mismo'. Para ilustrar el sesgo que nos impide vernos con claridad, cita el efecto de 'mejor que la media', según el cual la mayoría de las personas se cree mejor conductor que el resto. Aunque la cifra del 80% no viene acompañada de una fuente precisa, el sesgo es un fenómeno conocido.
Su consejo es asumir que lo que nos pasa tiene una parte de responsabilidad propia. Lo cuenta con su experiencia en el club de la comedia: en lugar de culpar al jurado, se preguntó si su material era tan bueno como creía. Esa actitud, dice, es la que permite tomar cartas en el asunto.
Sueños, fracasos y el poder del humor
More recuerda el libro de una enfermera que cuidó a enfermos terminales y recogió sus arrepentimientos. El primero era no haber hecho lo que realmente quería, en vez de lo que esperaban los demás. Para él, la vida consiste en intentarlo, y si sale mal, no pasa nada. Propone tener una lista de sueños, un 'onirograma', y cumplirlos poco a poco.
Sobre los fracasos, defiende compartirlos con honestidad, porque inspiran más que los éxitos. Cuenta que donó todos los derechos de su libro para no caer en el tipo de autoayuda que pretende vender la moto. Y sostiene que la obligación de un autor de este género es probar lo que predica.
El humor es otro pilar de su discurso. Explica que la risa desarma la coraza de la gente y que puede entrenarse. Cita el experimento del lápiz: quienes sujetaban un lápiz con los labios en gesto de enfado valoraban peor unas viñetas que quienes lo sujetaban con los dientes en gesto sonriente. Su conclusión práctica es que el cuerpo influye en la mente, así que sonreír, aunque sea forzado, ayuda.
Afilar el hacha: optimiza cómo trabajas
Para cerrar la parte de productividad, More cita a Abraham Lincoln: si tuviera seis horas para cortar un árbol, pasaría cuatro afilando el hacha. La idea es parar a revisar cómo haces las cosas antes de seguir haciéndolas mal. Compara ese gesto con un coche de Fórmula 1 que entra a boxes para cambiar neumáticos: parar cuesta, pero compensa.
También defiende la delegación, que ve en cuatro fases: primero haces tú y el otro mira, después haces tú y el otro hace, luego miras tú mientras el otro hace, y por último el otro hace solo. Reconoce que él fue un jefe horrible hasta que aprendió a delegar, y aplica la misma idea a sí mismo: perder tiempo al principio para ganarlo después.
Su mensaje final es que hay dos maneras de estar ocupado: ser un liado que trabaja hasta las diez de la noche, o ser productivo y eficiente. Confiesa que fue un liado durante años, y su propuesta es cambiar primero la propia forma de trabajar antes de exigir cambios a los demás.
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